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El brujo que quiso alinearle el chakra sexual a mi amiga 

Esta es una historia de abuso sexual, en la que un hombre valiéndose de su género, de su edad y de su fuerza agredió a mi amiga. 

Acabábamos de entrar a la universidad, teníamos unos 17 o 18 años, éramos mujeres felices y sanas, que lo más malicioso que se atrevían a hacer era saltarse una clase para ir a tomar unas cervezas. 

Yo me reencontré con 2 compañeras de la preparatoria en la facultad, por suerte habíamos quedado en el mismo grupo. Solamente era amiga de una de ellas, a la otra chica sí la conocía, aunque no éramos cercanas, pero estando en el mismo salón comenzamos a forjar un gran vínculo de amistad. 

Las 3 vivíamos al sur de la CDMX, muy cerca de la preparatoria donde habíamos estudiado. Entonces nos quedaba que la que tenía auto nos diera ride de regreso a casa. 

En uno de esos regresos a casa una de ellas nos contó que se había subido a un taxi y el conductor le dijo que también se dedicaba a la brujería y que había percibido en ella un “trabajo”, le dio algunos detalles que a mi amiga le hicieron sentido, como síntomas físicos. 

Sin dudarlo, hizo una cita para que la ayudara. El supuesto brujo hacía sus consultas en su casa, que era como a 40 minutos de nuestras casas. 

Foto: Elena Mozhvilo / Unsplash

Nos pidió acompañarla a su cita y emprendimos el camino. Su casa estaba construida muy rara, había una casa de dos pisos, no terminada, tenía ladrillos grises por fuera, y había otra construcción, en el mismo predio, que usaba como su espacio de “consultas”.

Tocamos y nos abrió una señora, le dijimos que íbamos a una consulta con el señor brujo (obvio dijimos su nombre), ella nos indicó que esperáramos un momento para avisarle, pero cerró el portón. 

La calle donde estaba la casa se veía muy despoblada, nada de gente porque estábamos en las afueras de un pueblo de Xochimilco, de esos que están en la montaña. 

La señora regresó para pasarnos, nos dijo que subiéramos la escalera hacia el cuarto que era la “oficina” del brujo. La escalera estaba por fuera de la construcción. 

Al entrar al lugar había lo típico: un altar con imágenes de santos, vírgenes, velas, listones de colores con cosas escritas, una mesa con hierbas, una baraja y otros objetos para hacer limpias. 

El señor estaba allí, era un hombre de unos 40 años aproximadamente, en ese momento me parecían muy grandes esas personas. Estaba vestido tipo vaquero: jeans negros, botines y camisa cuadrada. 

Foto: Diego San / Unsplash

Lo primero que hizo fue rociar en sus manos una loción que olía a 7 machos para untarla por todo su cuerpo, luego nos dio un chorrito y nos indicó hacer lo mismo porque nos protegía de las energías que estaban en el lugar.

Luego nos miró a cada una, a mi otra amiga le dijo algo sobre su mamá, algo doloroso, por supuesto que la hizo llorar con eso. Y a mí me dijo otra cosa que no me hizo ningún sentido y se lo dije. 

Pero insistió que si no me había pasado iba a vivirlo apenas, que no fallaba, yo le dije que no creía. Me dijo que me iba a demostrar que sí tenía un “don” especial. 

Nos hizo cerrar los ojos y nos pidió extender las manos con las palmas hacia arriba, yo lo sentía enfrente de nosotras porque comenzó a hacer murmullos, como si estuviera cantando o “invocando” algo. Pero jamás sentí nada, bueno un poco de calor, porque al abrir un ojo me di cuenta que nos estaba pasando una vela. 

Después de su show, dijo que tenía que quedarse a solas con la “paciente”, a mí en ese momento se me prendieron todas las alertas, estábamos lejísimos, en un terreno prácticamente solo, 3 mujeres adolescentes. 

Le dije que no, que nos quedábamos con ella porque a mí me enseñaron a no confiar en desconocidos y estar alerta ante el peligro y en ese momento me sentía insegura y vulnerable. 

Pero el señor brujo insistió que no podía dejarnos porque se nos iba a “pegar” lo que iba a limpiarle a mi amiga. Insistí que no me importaba, que nos quedábamos a acompañarla. 

Foto: Alexas Fotos / Pixabay

Mi amiga nos dijo que estaba bien, que nos saliéramos. Me acuerdo que la vi angustiada y le pregunté si estaba segura que la dejáramos sola con ese hombre, ella insistió que sí. Le advertí que íbamos a estar abajo, esperando.

Bajamos y la señora, que supongo era la esposa del brujo, nos sacó del patio porque había perros que no podía dejar amarrados. Eso me dio todavía más desconfianza. 

Afuera, pegadas al portón de la casa, le dije a mi otra amiga que no me daba buena “espina” haberla dejado sola con él, que no le creía nada a ese señor y todo se me hacía raro. Ella estaba recuperándose del mal momento que la hizo pasar el tipo. 

Mi otra amiga tardó unos 15 minutos en salir. Le pregunté si estaba todo bien y ella dijo que sí. Nos subimos al auto y emprendimos el regreso a casa. 

En el camino nos contó que le hizo una limpia y luego le dijo que una de sus ex parejas le había hecho un trabajo y se lo había “sembrado” en la vagina y por eso peleaba mucho con su actual novio. 

Que para deshacer ese trabajo de brujería negra, tenía que hacerlo él en 3 sesiones y que una la podía comenzar en ese momento. Ella le dijo que sí. 

La acostó y luego él se le subió encima, nos narró que se empezó a mover, diciendo cosas y que le explicaba que tenía que hacer eso para “sacarle” todo lo malo. El tipo estaba cometiendo abuso sexual con ella. 

Claro que ella era muy joven, incrédula, qué podía hacer, además que él abusó de su discurso charlatán para convencerla de que de esa forma la estaba ayudando. ¡Maldito abusador! Todo lo que hacía en su propia casa, detrás de la puerta que abría su esposa.

Foto: StevePB / Pixabay

Sucede que la mayoría de las víctimas adultas de abuso sexual sufren una negación, además que sienten vergüenza por lo que les pasó. Es un mecanismo de defensa que se activa para evadir el evento traumático. 

Supongo que en ella fue igual, realmente creyó en las palabras de este señor abusador sexual, pensando que era normal lo que estaba haciendo, pero en el fondo sabía que no, que nadie puede frotar su cuerpo contra el tuyo a base de engaños. 

Ella no le dio su consentimiento para hacer eso, pero sí para “curarla” y él se aprovechó de que era al menos 30 años mayor que ella. Abusó desde todos los puntos por donde lo analicemos sabiendo que iba a salir bien librado. 

Luego de esto, le dio una loción, le dijo que tenía que ponérsela dentro de la vagina, que si quería, él podía enseñarle cómo hacerlo. Eso sí ella no quiso, le dijo que lo haría sola en casa.

Me dejó helada saber todo lo que ese tipo le hizo, le pedí que no regresara a verlo ni se pusiera la loción, porque además el supuesto “menjurje” podría causarle una infección. 

Al día siguiente comentamos con las demás amigas de la universidad lo que pasó, las demás igual le hicieron saber a mi amiga que el tipo fue abusivo. 

Yo le contaba a mis papás estas cosas que me sorprendían o me parecía que no estaban bien. Obviamente me pusieron una buena regañada por habernos expuesto a meternos a la casa del abusador, les dije que no iba a volver a ir y que no iba a permitir que nadie de mis amigas regresara. 

Foto: Niklas Kickl / Unsplash

Unos meses después, mi papá estaba leyendo el periódico y encontró la noticia de que había caído una banda de abusadores, violadores y estafadores que se hacían pasar por brujos y que vivían en la misma alcaldía donde se encontraba la casa del tipo. 

En la foto estaban otras personas, incluidas mujeres, no lo reconocí a él, pero operaban de la misma manera. Eran taxistas y convencían a sus pasajeras de hacerles limpias y quitarles trabajos de brujería y las terminaban abusando o violando. 

Me llevé el recorte del periódico a la universidad para que lo vieran mis amigas y allí se acabó este tema que no volvimos a tocar. Siempre creí que eran de la misma banda, eran muchas las coincidencias.

Así se puede vivir un abuso sexual a una edad tan vulnerable y que por ello tanto a la víctima como a sus cercanos les cueste trabajo entenderlo.

Las tristes cifras del abuso sexual según la ONU Mujeres:

  • Se calcula que, en todo el mundo, 736 millones de mujeres han sido víctimas de violencia sexual o física.
  • Esto quiere decir que 1 de cada 3 mujeres han sufrido abuso sexual en su vida. 
  • El 30% de las mujeres que lo han vivido tenían 15 años o más cuando lo sufrieron.

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Vanessa Pérez Vanessa Pérez

Subdirectora digital y experta en periodismo rosa, apasionada de contar historias, del futbol y del cine de terror. Durante los años que ha ejercido el oficio periodístico, ha coleccionado historias tuyas, suyas y NUESTRAS. Ahora... llegó el momento de contarlas. 

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