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No soy Shakira pero también me engañó un hombre menor

Shakira acaba de lanzar su última canción y esperábamos alguna indirecta para su ex Gerard Piqué, como lo hizo en “Monotonía”; sin embargo, lo mató a él y a todos los ex de la historia que han sido infieles con una letra directa y con la que nos identificamos más de una. Creó un himno con su dolor. 

Así que aprendiendo de mi pastora Shakira, yo también quiero facturar el engaño de mi ex y por eso hoy les contaré mi historia de terror con el que pensé era el amor de mi vida y quien, por cierto, también era menor que yo, 3 años más joven. 

Nuestra historia fue auténtica, un flechazo de cupido a primera vista de ambas partes. Nos conocimos en un bar de la Condesa y desde el primer contacto visual, me sentí como si me hubieran golpeado la cabeza. El hombre me había encantado y por la forma en que me miraba, parecía que yo también. 

Mis amigos se dieron cuenta de inmediato que ni él ni yo podíamos quitarnos los ojos de encima; sin embargo, yo no iba en plan de ligar pues acababa de terminar un breve noviazgo, pero cuando te flechan no hay manera de detenerlo. 

Foto: Pixabay

Antes de irme, se acercó a mí y compartimos contactos. Durante un mes estuvimos chateando todas las noches, disfrutaba mucho platicar con él. 

El primer date tardó en suceder porque en ese tiempo yo estaba saliendo muy tarde del trabajo, pero él aguantó mis constantes cancelaciones y un día, sin planearlo, decidimos vernos en el centro de Coyoacán para ir a tomar un café a El Jarocho.

Llegué casi a las 10 de la noche, él fue por mí y me recibió con una sonrisa, un abrazo y un beso en la mejilla. Compramos el café y decidimos caminar mientras nos lo tomábamos. Yo quería que esa noche durara 5 horas más, me sentía tan a gusto, tan en paz. Comencé a creer que había conexiones destinadas a suceder y que no se apagan jamás, ni con toda el agua del mar.

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No hubo beso en el primer date, pero sí mucha complicidad, abrazos y risas. En nuestra segunda salida sí hubo muchos besos y fue la primera noche que pasamos juntos. Con él me sentía como en un tren que había arrancado muy de prisa; sin embargo, estaba fascinada con ir a toda velocidad. 

A partir de ese momento no nos soltamos y comenzamos a construir, sin planearlo, una relación tranquila, todo era muy sencillo porque nos llevábamos genial, teníamos una gran comunicación y nos gustábamos mucho. Había física, química, ganas y magia, lo que yo creía que construía una base sólida para mantener una gran relación de pareja. 

Con él me sentía adolescente otra vez, comenzamos no sólo a crear recuerdos, sino que también se dieron las circunstancias para trabajar juntos, porque nos dedicamos a lo mismo. Los días estaban llenos de planes juntos.

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Al principio no peléabamos, él me daba el sostén y la seguridad que yo deseaba; además del mejor sexo de mi vida, al menos hasta ese momento, y así seguimos por un buen tiempo.

Pero un día comencé a sentirme insegura porque una de sus amigas de redes sociales le coqueteaba abiertamente y, si bien él no seguía el juego, no lo frenaba tampoco. 

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En ese momento comenzaron nuestros problemas; sin embargo, me convencí por completo que no debía dar importancia a esto y que teníamos algo más grande y fuerte por lo que valía todo seguir apostándole a los dos, a nuestro equipo. 

Pero desde ese momento mis antenas se activaron, yo no volví a tener la misma confianza ciega y justo eso fue lo que me llevó a descubrir que me engañaba

En mi caso no pasó que dejáramos de tener sexo o que pasáramos menos tiempo juntos. Simplemente comencé a notar que hablaba más de una de sus compañeras de trabajo y me vibró que no era normal. 

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Lo encaré y le pregunté si tenía algo con ella, por supuesto que me dijo que no y me tachó de loca celosa, recuerden que ya veníamos arrastrando mi desconfianza desde los mensajes de la amiga, entonces desde ese momento yo para él era la intensa que inventaba historias.

Así pasaron un par de meses, yo intentaba confirmar mis sospechas, ese tiempo viví un verdadero infierno, la ansiedad que sentía era inmensurable. Un día peleamos tan feo que fue cuando se atrevió, por primera vez, a decirme que lo mejor era terminar porque no podía estar aguantando mis celos. 

Sin embargo, nada paró. Ese fin de semana fuimos a una plaza comercial a comprar un celular para mí y yo le regalé el que iba a dejar, luego comimos pizza y terminamos acurrucados, yo pensaba que más juntos que nunca, pero no era así. 

Llegó el día que no pude más y decidí escribirle a la compañera de trabajo y preguntarle directamente si mis sospechas eran ciertas, era lo único que me iba a dar paz en ese momento, estaba por reventar. 

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La gran sorpresa fue que ella me respondió como si estuviera convencida que yo era la ex loca que no dejaba en paz a su hombre, claro, eso le contó él para salir bien librado, típico de un infiel, pero jamás le dijo que días antes habíamos tenido el mejor sexo de reconciliación, se olvidó del pequeño gran detalle. 

Ella me confirmó que era su novio y llevaban 6 meses juntos, agregando que quería que no los perturbara y los dejara en paz. Me quedé helada, pero le agradecí que me hubiera dicho la verdad y le aseguré que no volvería a saber de mí. Por supuesto, ella me bloqueó. 

El dolor que sentí no puedo ni describirlo y en ese momento yo, como Shakira, también quería venganza en vez de terapia. Es normal sentir eso después de que te lastiman de esa manera. Lo primero que sientes es odio, es la primera etapa natural de un duelo por traición.  

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Lloré mucho y por muchos años, incluso quedé traumada y desde entonces me negué a establecer otra relación y ni hablar de volver a confiar en el otro. Mi proceso duró más tiempo del normal a pesar de que sí fui a terapia, pero mi amor propio y mi fortaleza combinados con el tiempo lograron que lo superara. 

Además el tiempo también me reafirmó que ese no era el hombre que yo me merecía, ya que incluso hubo más de una ocasión que me ofreció vernos y me habló de sus deseos sexuales, ya estando con su nueva pareja. ¡Qué inmundicia!

Este proceso, que definitivamente marcó mi vida, me enseñó que al final sí logras perdonar y avanzar. Hoy agradezco los buenos momentos que viví con él, pero más los que ya no tuve que padecer. Esa experiencia me dejó grandes enseñanzas y de eso les hablé ya en mi columna “Lo que me enseñó el hombre que me rompió el corazón”, pueden leerla aquí.

Hoy estoy muy cómoda hablándoles de esto, pero también sufrí y lloré y quise ir a destrozar su auto porque sentía que lo odiaba, obvio no lo hice. Desde entonces ya le dedicaba canciones de Shakira, como: “Y que a tu edad sepas bien lo que es romperle el corazón a alguien así”.

Todo cierra, aunque se haga cicatriz, por eso le aplaudo a Shakira que decida liberar su dolor por medio de sus canciones y me parece lamentable que algunos usuarios la juzguen con comentarios machistas como que es la “ex ardida”, “que se ve mal haciendo eso” o que es “la tóxica”. 

Los procesos son personales, por ello no deben juzgarse, empecemos por respetar. Nada mejor que hacer arte del dolor. 

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Vanessa Pérez Vanessa Pérez

Subdirectora digital y experta en periodismo rosa, apasionada de contar historias, del futbol y del cine de terror. Durante los años que ha ejercido el oficio periodístico, ha coleccionado historias tuyas, suyas y NUESTRAS. Ahora... llegó el momento de contarlas. 

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